Ganadoras del V Certamen de microrrelatos

Los alumnos de ESO y Bachillerato han participado en el V Certamen de microrrelatos del Colegio Miramadrid. La imaginación ha sido la protagonista en los relatos que han participado. Muchas gracias por participar.

Los siguientes han sido los Microrrelatos ganadores:

Categoría I – Nerea Gómez Jaime, de 2º ESO D

 E U P H O R I A

Quién me iba a decir que este sería el mejor día de mi vida. Paramos el coche, alejado del pueblo. Me bajé, sintiendo la hierba acariciarme las piernas.

Oí risas, cosa que hizo que me diera cuenta de que mis amigos me iban a acompañar en el paseo. Me paré a observarlos. Sus sonrisas, su calidez, sus ropas amarillas que combinaban con el panorama … Todos diferentes, pero juntos, parecían uno.

Miré después delante de mí. Los colores verdosos, los cerezos rosados, una refrescante brisa y las amapolas rojas parecían sacadas de un cuadro. Contemplé el atardecer. El sol caía por detrás de Madrid y nubes suaves rodeaban los edificios.

Dejé que el viento me despeinara, sintiendo también los últimos rayos de sol en mi cara. Todo lo que había visto hoy me hacía sentir una alegría utópica que nunca había sentido. Este pueblo, mis amigos, me habían hecho la persona que soy ahora. ¿Sería esta la definición de euforia?

Mi corazón se sentía en casa.

Categoría II – Candela Ruiz-Peinado Peláez, 3º ESO C

Y SI LA HUBIERAS VISTO…

Quién me iba a decir que este sería el mejor día de mi vida. Y que conocería a alguien tan especial. Su vestido blanco como la nieve nunca llegaba a tocar la hierba y su aura le hacía parecer frágil.

Aunque era pequeña, desprendía una energía arrolladora y se desplazaba con vigor. Podías intuir que era de carácter despierto, jovial, tal vez incluso cariñosa. Llevaba un rato mirándola juguetear en la orilla del río. Cuando levantó la mirada y emprendió su camino hacia el bosque, decidí seguirla en silencio.

La brisa algo húmeda hacía que avanzar no se hiciera pesado. De repente se giró, y por un momento nos quedamos inmóviles uno delante del otro. Pude percibir que no le resultaba incómoda mi presencia, le sonreí y ella continuó avanzando. A veces me miraba y cambiaba de rumbo risueña.

Y si la hubieras visto, no te la habrías podido quitar de la cabeza. Nunca habrías encontrado una mariposa tan bonita como aquella.